9 de Julio. Herramientas Masónicas en el proceso revolucionario Argentino y Latinoamericano.

El 9 de julio de 1816, en la Provincia de Tucumán se suscribe la declaración de independencia, tras varios años de negociaciones y campañas bélicas que enmarcaron el proceso revolucionario desde ese primer peldaño que fue la primera junta de gobierno de 1810

¿Qué impulsó la Revolución de Julio de 1816?

Muchas son las especulaciones que los diferentes historiadores hacen en referencia a este proceso. Para algunos, el movimiento independentista obedece a un plan maestro dirigido desde la Gran Bretaña, enemiga declarada de España en el dominio naval y económico y que, desde principios del siglo XIX, tuvo intenciones de instalarse por estas latitudes orquestando invasiones que todos recordamos por haber leído a su respecto en alguna oportunidad. 

Para otros, el proceso independentista que tuvo lugar en América, comenzando por los EEUU de Norteamérica, ayudado por Franceses no solo desde lo ideológico sino desde el punto de vista operacional, táctico y logístico, obedeció a los sueños de autogobierno de la región, basado en el legítimo derecho de los pueblos de autodeterminarse. Este proceso, encabezado por un puñado de valientes, patriotas y corajudos, tuvieron la visión y la misión de llevar adelante la gesta independentista.  

Pero en  ambas vertientes, antagónicas y representativas de la mayor parte de la doctrina historicista, la que denomino, si se me permite, oficial y conspiracionista, siempre se coloca a la Masonería en un plano privilegiado, central y neurálgico, orquestando, dirigiendo y motorizando el proceso.

¿Cómo influyó la Masonería en esta revolución?

En mi humilde opinión, sin perjuicio del prisma con el que se mire (o, en otras palabras, el autor o autores por los que se lea), no podemos obviar la importancia de la orden en el proceso. Lo cierto es que hoy, más de doscientos años luego de la declaración de independencia, seguimos debatiendo, discutiendo y animándonos a conjeturar respecto de las cuestiones que motivaron a este puñado de hombres a actuar en la forma en que lo hicieron.

Según el historiador argentino Emilio J. Corbière, la masonería llegó al Río de la Plata a finales del siglo XVIII, influida por los masones españoles y no por los ingleses como se ha creído. Cuando José de San Martín, Carlos de Alvear y otros patriotas llegaron a Buenos Aires en 1812, la Orden ya estaba implantada: existía la Logia Independencia en 1795 y, en 1810, se estableció una homónima presidida por Julián Álvarez, que luego sería llamada Logia de San Juan, que luego suministró elementos básicos para la Lautaro

Logia Lautaro

La logia Lautaro fue netamente operativa (en oposición a las especulativas) pero no en el sentido tradicional del término (es decir, ligada a los gremios de la construcción), sino con objetivos revolucionarios

La constitución de la Logia Lautaro rezaba: 

“Gemía la América bajo la más vergonzosa y humillante servidumbre, dominada con cetro de fierro por la España y por sus reyes, como es notorio al mundo entero, y lo han observado por tres siglos con justa indignación todas las naciones.

Llegó por fin el momento favorable en que disuelto el gobierno español por la prisión de su monarca, por sus observaciones repetidas, por la ocupación de la España, y por otras innumerables causas, la justicia, la razón y la necesidad demandaban imperiosamente el sacudimiento de este yugo.

Las provincias del Río de la Plata dieron la señal de libertad: se revolucionaron, han sostenido por diez años su empresa con heroica constancia; pero desgraciadamente sin sistema, sin combinación y casi sin otro designio que el que indicaban las circunstancias, los sucesos y los accidentes. El resultado ha sido haber dado lugar a las querellas de los pueblos, al extravío de la opinión, al furor de los partidos y los intereses de la ambición, sin que los verdaderos amigos de la patria pudiesen oponer a estos gravísimos males otro remedio que su dolor y confusión.

Este ha sido el motivo del establecimiento de esta sociedad, que debe componerse de caballeros americanos, que distinguidos por la liberalidad do las ideas y por el fervor de su patriótico celo, trabajen con sistema y plan en la independencia de la América y su felicidad, consagrando á este nobilísimo fin todas sus fuerzas, su influjo, sus facultades y talentos, sosteniéndose con fidelidad, obrando con honor y procediendo con justicia …..

La masonería. Un punto central en la revolución independentista.

La Masonería dio el sistema que era necesario para la organización del proceso revolucionario. Llenó de contenido y dio forma por medio de sus estatutos, rituales y filosofía a un movimiento traspolado de Europa y traído a estas tierras por jóvenes americanos formados en el viejo continente. 

No podemos saber, si las intenciones o subjetividades de aquellos que hicieron historia se movían más por oportunismos políticos y económicos motorizados por los poderes centrales o, si el idealismo que con la corriente filosófica de los  iluministas antimonárquicos, base de pensamiento para las revoluciones en Norteamérica y Francia, fue lo que encendió su deseo de revolución e independencia. Lo cierto, es que el resultado de las acciones de la orden encarnadas por De Miranda, Bolivar, San Martin y O’ Higgins, acabó en el proceso revolucionario independentista.

Y hoy, nosotros, miembros de la orden que dio origen y lleno de contenido con sus ideas a aquel proceso, podemos sacar algunas conclusiones: los que nos precedieron, reitero, sin perjuicio de la subjetividad, utilizaron las mismas herramientas que hoy tenemos para corporizar su noble ideal independentista. Digo noble ideal porque, más allá de que fuera fruto de intereses económicos británicos o no, no podemos permitirnos quitarle importancia al proceso y a su fin.

Los jóvenes Americanos ilustrados, formados en Europa, volvieron para servir a su continente en la empresa independentista con herramientas masónicas. Porque no solo fueron los principios y rituales de la orden, sino también el financiamiento que por medio de ella contaban lo que ayudó a mantener y realizar el proceso.   

Quizá este tiempo que nos toca no sea tan tumultuoso como el que aquí referimos. Tal vez, la dependencia o independencia de nuestra patria haya mutado. Siempre va a haber dominados y dominadores, mutan las nomenclaturas, novan las formas. Pero la orden sirvió a este grupo de jóvenes patriotas para que, al cobijo de sus principios y herramientas pudieran trabajar en la construcción de esa alegórica catedral que es una mejor sociedad, siguiendo sus convicciones y respetando sus principios en todo momento, no solo cuando no mediaban negocios o intereses personales y mezquinos.