Cada 17 de Agosto conmemoramos el fallecimiento del General José de San Martín. Bien conocido por sus hazañas en la liberación de América del Sur, pero por sobre todo, desde la Masonería Argentina lo recordamos como un hombre de virtudes plenas de un ciudadano y masón del mundo.

En la siguiente nota repasaremos su historia, sus proezas y, sobre todo, las razones por las cuales tomamos a San Martín como un Masón ejemplar.

José Francisco de San Martín y Matorrasnación en Yapeyú, (en ese momento en territorios del Virreinato del Río de la Plata, actualmente Provincia de Corrientes, Republica Argentina) el 25 de febrero de 1778.

¿Cómo ingresó, San Martín, a la Masonería?

El General J. de San Martín fue iniciado masón en la Logia Integridad de Cádiz (ciudad al sur de España) en 1808. En ese entonces el general Francisco María Solano (Marqués del Socorro) presidía como presidente de dicha logia.

¿Cómo fué que ingresó a la Masonería en España?

En abril de 1784, cuando tenía seis años, llegó con su familia a la ciudad española de Cádiz ―previa estadía en Buenos Aires― y se radicó luego en la ciudad de Málaga.

Comenzó sus estudios en el Real Seminario de Nobles de Madrid y en la Escuela de Temporalidades de Málaga en 1786. Ingresó posteriormente al ejército español e hizo su carrera militar en el Regimiento de Murcia.

Combatió en el norte de África, luego contra la dominación napoleónica de España y participó en las batallas de Bailén y La Albuera.

Bajo ese contexto, nuestro prócer, se inicia como Masón. Exactamente en un contexto de guerras europeas.

El mismo año en que San Martín ingresa a la Masonería, Solano fue linchado por una turba en la convulsionada Cádiz, acusado de no atacar con suficiente rapidez a la flota francesa. A punto estuvo San Martín de correr la misma suerte, pues incluso lo confundían físicamente con Solano, que también era americano, nacido en Caracas.

Tiempo después se afilió a la Logia Caballeros Racionales Nº 3, también de Cádiz, donde recibió el grado de Maestro Masón.

Después de participar en la batalla de Albuera, el 16 de mayo de 1811, San Martín pasó al Regimiento de Sagunto. El 6 de septiembre de ese año pidió la baja del Ejército Español.

Inspiraciones en tiempos de guerra.

Cuando se habla de guerras, más allá de las connotaciones negativas que se pueda tener, detrás de ellas existen -en el soldado- 3 factores:

  • Los necesarios.
  • Los motivacionales.
  • Los resultantes.

Factor Necesarios: conocimiento y disciplina.

San Martín no era un soldado cualquiera. Sus primeros estudios le dieron las herramientas que todo Masón busca formar. Como masones entrenamos la inteligencia y el raciocinio.

La lectura y el aprendizaje nos permiten tener una visión más entrenada de las cosas. Con esa visión podemos ser más analíticos y más prácticos frente a situaciones que pueden resultar desafiantes. Al momento de entrar en batalla se debe aprovechar esas facultades, tanto para mantenerse en pié como para liderar un grupo.

Estas cualidades son difíciles de formar si no hay disciplina. Como masones, la disciplina es algo que se debe formar desde nuestras aptitudes, y nuestras aptitudes no solo impactan en nuestras vidas, sino también en la vida de los demás. Por ello es importante que siempre que obremos en nuestros campos de especialización, lo hagamos con la mayor disciplina posible.

Factores motivacionales: fraternidad y lealtad.

Sin embargo, con el conocimiento no alcanza para seguir adelante en una batalla. Sin la motivación, muchos de los objetivos a cumplir pueden quedar anulados. Por sobre todo, esto influye en momentos en los cuales se debe tomar las riendas del liderazgo.

En tiempos bélicos, la fraternidad es algo que se forma de manera sinérgica. Uno de los principales puntos de supervivencia -en una batalla- es el apoyo y la confianza en los compañeros militares.

No escapar a las adversidades, y dar la vida por sus compañeros, forman al líder natural, y suprimen los peligros que puedan llegar a atentar al grupo. Esta es la lealtad que formó San Martín en tiempos de guerra. Debemos tener presente que los primeros Masones con los cuales se encontró nuestro prócer, fueron militares.

Factores resultantes: experiencia y carácter.

Estos factores llevan de vuelta a los primeros. Cada batalla lleva una cuota de aprendizaje. Prácticamente, en tiempos de guerra, el que no aprende, tiene menor probabilidad de sobrevivir en la siguiente batalla.

Forjar el carácter nos da la firmeza suficiente para poder afrontar situaciones desafiantes en el día a día. Aplicar nuestros aprendizajes con firmeza nos ayuda a ser más eficientes en la práctica.

San Martín, como Militar, aplicaba su experiencia en pos de crecer en su carrera; como Masón, mejoraba sus aptitudes para que, en tiempos desafiantes, tenga mayor probabilidad de resguardar sus ideales en tiempos más turbulentos.

San Martín en Londres

Uno de sus primeros pasos en Londres fue concurrir a la casa de Francisco de Miranda, en Grafton Street, donde funcionaba la logia Gran Reunión Americana, y junto a Zapiola fue promovido al quinto grado de la Masonería.

En esas tierras mantuvo contacto con prominentes masones ingleses, conociendo los planes del escocés Thomas Maitland y su grupo parlamentario, encabezado por James Mac Kintosh, destacado masón, partidario de la independencia americana, amigo a su vez de Thomas Cochrane, que sería el almirante de la flota del Pacífico que cubrió el avance de San Martín de Chile al Perú.

Los cuatro meses que San Martín permanece en Londres le permiten ultimar los planes que ya tenía ideados, con estricta reserva: sólo escribía cartas, en las que no delataba sus propósitos.

El 19 de enero de 1812, con todo arreglado por el conde de Fife (James MacDuff), junto a Alvear, Holmberg, Zapiola, Chilavert y otros, aborda la fragata Canning rumbo al Río de la Plata y el 9 de marzo de 1812 desembarca en Buenos Aires.

San Martín en Buenos Aires

Siete días después del desembarco en Buenos Aires, el gobierno superior provisional le otorga el grado de teniente coronel de Caballería, nombrándolo comandante del Escuadrón de Granaderos que habría de organizarse.

Mientras se ocupaba de su faena militar, San Martín tomaba contacto con los masones de Buenos Aires, en especial con Julián Baltasar Álvarez, de la Logia Independencia.

Inicios de la Logia Lautaro

Junto a Zapiola y Alvear levantan el “triángulo” de la Logia Lautaro N° 1. La integrarán los masones iniciados en Cádiz o Londres: Anchoris, Guido, Zufriátegui y Malther.

Después ingresarían Cornelio Saavedra, Manuel Belgrano, Bernardo de Monteagudo, Manuel de Anchorena, Julián Álvarez, Manuel Pinto y otros.

A comienzos del año siguiente, la logia contaba ya con 55 miembros.

Sus Actividades Masónicas en el país

La próxima escala masónica de San Martín fue la ciudad de Córdoba, adonde llegó procedente de Salta después de organizar el Ejército del Norte y dejarlo en manos de Martín Miguel de Guemes.

El 24 de mayo de 1814, San Martín constituyó la Logia Lautaro de Córdoba, cuya Acta de fundación se conserva. Cinco meses después asumió como Intendente de Cuyo y fundó la Logia Lautaro de Mendoza.

Con su hermano masón, Manuel Belgrano, y a través de documentos, instaron entonces a la convocatoria de un Congreso que finalmente se reunió en Tucumán y resolvió la Independencia el 9 de julio de 1816.

Tres semanas más tarde, el Director Supremo Juan Martín de Pueyrredón nombró a San Martín como General en Jefe del Ejército de los Andes: el Libertador fundó la Logia del Ejército de Buenos Aires en la que fue designado Venerable Maestro.